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Corregimiento de San Juan Informe de salida de campo

Por: Maribel Dangelly Gómez, Lizeth Johana Rengifo - Grado: 9.2 y 11.3

28/09/2012.

 

En el verano de septiembre, con el grupo de investigación, cargado de muchas expectativas, salimos a las seis  de la mañana, rumbo al poblado de San Juan, Corregimiento del Municipio de Bolívar, Cauca. Ávidos de conocimientos por nuestro entorno, llegamos al sitio denominado: “La Cuchilla”, a las 06:30, a 2070 m de altura sobre el nivel del mar, con una temperatura de 18° C. Ubicada al extremo oriental, de nuestro imponente Cerro, que custodia  nuestro pueblo, observamos una vegetación pre-montañosa,

donde divisamos diferentes tipos de árboles como el roble que ocupa casi toda la montaña, la presencia de helechos torna un ambiente fresco y el viento sopla suavemente, confundiéndose  con las melodías que entonan diferentes aves como el chicao, la quinquina, el carpintero, el azulejo, los gorriones, las mirlas y el águila, entre otros; continuando  se divisan al fondo el Cerro de Lerma y la cadena de montañas del Macizo colombiano.

 

Siguiendo nuestro recorrido y detallando muchos paisajes,  llegamos a la localidad de “Río Negro”, a las 07:40, con una posición astronómica de 10° 50’ 46” norte y 76° 53’ 56” occidente, con una temperatura de 23°C. La vegetación cambia pues se vuelve un poco árida, se observan pocos árboles, sin embargo predominan el balso y el pasto puntero, el viento fluye con mayor fuerza, el clima es más cálido, en este lugar nos dimos cuenta  que hay pocas viviendas y la presencia de basuras es más notoria al lado de la vía. Nuestra siguiente parada fue en “Placetillas”, lugar al que llegamos aproximadamente a las 09:30, con una altura de 2448 msnm y una temperatura de 11°C. En  esta región, el color verde claro y oscuro de la vegetación proporciona un  bello matiz  en la naturaleza que se adorna con la producción de cultivos de maíz, quinua, granadilla, trigo, papa, cebolla, verduras y producción piscícola, actividades que mantienen a sus habitantes en continuo contacto con la  madre tierra en pro de una vida más digna.

 

Finalmente, llegamos a nuestro lugar de destino “San Juan” a las 10:30, población ubicada a 2543 msnm, con una temperatura ambiente de 15°C, las condiciones favorables de clima que presentó el día de nuestra visita  a la región, nos incitó a  recorrer sus calles, algunas empedradas, admirar sus construcciones, conocer de su historia  y  relacionarnos con sus  habitantes, quienes se mostraban algo introvertidos quizá por la influencia del frío que deben soportar. Esta localidad se destaca por la gran riqueza cultural  que refleja la comunidad; en especial por  las fiestas religiosas, las aptitudes artísticas de su gente y la  tradición oral  que perdura y que va de generación en generación.

 

El fenotipo característico de sus pobladores son: estatura baja, piel trigueña, pelo negro en su mayoría, uso de prendas de vestir como la ruana, chalina y chaqueta, la gente suele ser muy reservada frente al diálogo, pero es amable, gentil, sencilla, humilde, trabajadora y con un gran espíritu solidario. Estos son algunos de los aspectos  que identifican  la idiosincrasia sanjuaneña. Según las  entrevistas  que aplicamos, nos dimos cuenta que la historia de la fundación del corregimiento está basada en leyendas, costumbres y  relatos históricos  autóctonos de la  comunidad, se dice que la gente no es nativa  de la región ya que llega en el tiempo de la colonia, en la huida del imperio inca. Cuentan que la creación se debe al hallazgo  de las estatuillas de la Virgen de Los Remedios en medio de un pequeño bosque de romero y hierbabuena y a la imagen de San Juan; cuyo efecto hizo que la gente se quedara por devoción y fue así como construyeron chozas alrededor de las imágenes encontradas,  adoptando el nombre de San Juan para el corregimiento y el de  Nuestra Señora De Los Remedios para la parroquia. Relatan que  la imagen de la Virgen se  la llevaron  para Placetillas, con el objetivo de construir el pueblo en esa región, pero que debido a que, de manera misteriosa, otra vez se aparecía en San Juan la gente empezó a radicarse en ese terreno, sin embargo, algunos creen que aquella imagen de la virgen fue estratégicamente escondida por los españoles para sacar provecho de la ingenuidad de los aborígenes; ya que el temor de Dios que experimenta la población es muy magno, pues la mayoría de los habitantes argumentan que aquellas funciones que el párroco les ordena deben cumplirlas, pues son en  favor a la virgen y cualquier acto comunitario que no sea bien visto es ofensa contra ella. Por lo cual, se podría afirmar que es una región netamente católica, en donde la religión pentecostal representa el 0.5% de la población. Describen la primera parroquia como un rancho de paja, que fue remodelado gracias a la iniciativa de curas europeos, especialmente suizos, quienes impulsaron los trabajos durante muchos meses, trayendo desde Popayán a lomo de caballo uno a uno los cedros cortados según la luna, por lo cual, la parroquia conserva un modelo colonial y con el  transcurrir del tiempo, sólo se le ha remodelado el frontis.

 

Figuras eclesiásticas, como los padres Pablo Buy y José Lever, provenientes de Suiza, fueron las figuras más representativas para la comunidad, quienes diseñaron en gran parte el poblado y varias de las cosas que allí funcionan: el templo parroquial, la casa de las hermanas vicentinas, la casa posada, la casa cural, el puesto de salud, la escuela, el restaurante, un transformador de energía eléctrica que dejó de funcionar en la década de los 70, y prácticamente, gran parte de la arquitectura y obras de ingeniería. Cuando se le preguntó al cura encargado de la parroquia, sobre el porqué de la presencia de los padres misioneros provenientes de Suiza, el cura manifestó que se debía a la falta  de vocaciones en el país;  incluso nos informó que han sido varios los sacerdotes suizos enterrados  en la zona. En cuanto a la vivencia de entierros, es notable la práctica de sus costumbres religiosas, es diferente cuando se trata de niños ya que se los acompaña con chirimía y guitarra, se les coloca una corona de color verde, amarillo y azul, en las manos  una palmerita y en los dedos cintas, dentro de su tradición también acostumbran  colocarle en la cintura de los difuntos un cordón, parecido a una camándula, fabricado por los pobladores y que sirve como defensa del espíritu en el más allá.

 

El velorio dura aproximadamente dos  días con sus noches, para este encuentro de oración  y fe se  suele servir  a los acompañantes mote, café, envueltos y se sacrifica el mejor ternero o el ovejo. También en esta región se destacan las celebraciones, en su mayoría religiosas como las fiestas patronales, alumbranzas,  correrías, peregrinaciones y fiesta de los corazones, en las cuales se conmemoran la fiesta de San Juan  el 24 de junio; la fiesta de la Virgen de los Remedios, el 1° de septiembre y el nacimiento de la Niña María, el 8 de septiembre;  que  reflejan  la fe, la religiosidad y la devoción de la comunidad , que es herencia de sus antepasados y que aún perdura  en la gente. Las  personas nos dicen que anteriormente el pueblo era muy pequeño comparado con el actual, las  casas eran de teja y de  paja, además existía una pila en el centro de la plaza, de donde  la gente sacaba agua, sin embargo nos afirman que, a pesar de las transformaciones, no han cambiado las viviendas de tierra pisada, tapia y bahareque, nos cuentan  que sus antepasados vestían con prendas de lana elaboradas por mujeres de la región, la agricultura se basaba en los cultivos de maíz, papa, coles, cebolla, trigo y arvejas, también se dedicaban al cuidado del ganado ovino. En 1981,  tras la llegada de la autoridad indígena representada en Gerardo Bonilla Fernández, se empieza a gestar la idea de la construcción del colegio, a pensar en el posible lugar para construirlo, en ese entonces, en la casa de las  hermanas; ante  el rumor de la creación del colegio, llega el padre Libardo Humberto Guaca, quien fue el fundador, dando inicio a las primeras clases, junto  a los docentes de la escuela  primaria, y más tarde como los primeros docentes nombrados aparecen Miguel Ancelmo Lara y Jairo Hugo Imbachí, así  empezó a funcionar el colegio. Al principio algunos profesores fueron pagados por los padres de familia, quienes realizaban diferentes actividades como bingos, rifas y festivales, para sostenimiento del colegio.

 

Al principio, la modalidad del colegio fue cooperativo, posteriormente pasó a nivel departamental, luego académico y desde aproximadamente dos años el colegio pasó a ser Institución Educativa Técnico Agropecuario de Nuestra Señora de los Remedios. Hasta el momento, los estudiantes ejercitan activamente el trabajo, los conocimientos y las orientaciones que reciben en el colegio, se maneja una gran huerta, donde el estudiante  tiene la oportunidad de manipular la tierra y las diferentes especies agrícolas; se cultivan cuidadosamente verduras, zanahoria, remolacha, lechuga, cilantro, tomate, maíz, perejil, repollo y acelga; en cuanto a producción animal se cuenta con 3  vacas lecheras y un toro, 200 gallinas ponedoras, 8 conejos, lo cual es cuidado por estudiantes del colegio, donde se  distribuye del manejo de cada especie, las verduras  son cultivadas a partir de abonos orgánicos como el estiércol de la vaca, la gallina y el cury; parte de estos productos son comercializados, otra es para el consumo  en el restaurante  y para suplir la necesidad de la misma comunidad. Las semillas son  traídas de otras partes, pero se  está luchando por la implementación de un banco de  semillas de la región.

 

Debido a que el colegio es indígena ha obtenido algunos privilegios para que los estudiantes puedan ingresar más fácilmente a la universidad. No obstante, son pocos los estudiantes, que después de realizar sus estudios universitarios, regresan a la región, debido a la falta de oportunidades para continuar, pero no falta quienes continúan practicando lo aprendido en el colegio, como estrategia para generar sus negocios,  creando sus fincas, sin dejar perder lo que los identifica. En los últimos años, se ha visto que los jóvenes de la cabecera de San Juan  y un 60% de las zonas rurales que egresan del  colegio, desafortunadamente por falta de recursos económicos de su familia, no pueden seguir estudiando, dedicando su vida  a  ayudarles  a sus padres con el trabajo de la tierra. La institución cuenta con 300 estudiantes, distribuidos desde grado cero a grado once, así: la escuela tiene un total de 90 niños y el colegio 210 estudiantes. El colegio ofrece el transporte para los estudiantes de la  zona rural, aunque también se puede decir que es el padre de familia,  quien aporta  $5.000 semanales para la cancelación del transporte, el colegio sólo aporta una mínima parte; para los padres de familia es muy  preocupante esta situación ya que no cuentan con un seguro  de ninguna entidad pública o privada para los estudiantes que viajan diariamente. El colegio maneja en términos de matrícula la gratuidad a todos los estudiantes, ya sean indígenas o campesinos.

 

En la institución, algunos docentes son originarios de la zona, aunque también cuentan con  docentes de otras partes como La Vega, Bolívar, Popayán, Timbío, Pasto y  Páez. A nivel cultural: la institución realiza eventos culturales con la participación de la banda de música  fundada hace ya 30 años, en la cual tocan instrumentos como: trompetas, saxofones, clarinetes, trombones de baras, pistones, percusión, bombo, platillos y tambor. También hacen presencia algunas chirimías  de La Palma, Hierbas Buenas, Belén y Aragón. Este corregimiento cuenta con un hogar infantil llamado Hogar Grupal Semillas del Futuro; porque  está conformado por tres hogares: Rincones, Lunares, Juanitos,  los cuales se encuentran  en la misma planta física, este hogar era comunitario y hace presencia desde 1998, creado por el padre Libardo Guaca, José Lever y el Batallón José Hilario López, quienes hicieron la estructura. En cuanto a conflictos armados, nos cuentan que empezaron con la llegada de la guerrilla y los paramilitares debido a los cultivos ilícitos que se producían en la región, por el tiempo en que se sembró  amapola, se ocasionaron estragos por las avionetas  que pasaban con glifosato, estrategia cuyo único fin fue incitar a la gente a cultivar más amapola, lo que empezó a causar daño a la tierra y al medio ambiente. Esta problemática impulsó al cabildo indígena a crear conciencia en la población para qué la gente empezara a cultivar otras especies diferentes a la amapola.

 

Con la presencia de los cultivos ilícitos, también aumentó la población debido a la llegada de personas que venían de otras partes del país, con diferentes culturas y dialectos. Las calamidades que ocasionaron los diversos grupos armados al margen de la ley en la región, provocaron en la comunidad un malestar contra estos, por lo que se comenzó a generalizar entre los jóvenes  la conciencia para que en un futuro no ingresarán a estos grupos, ya que no son una vía de cambio. En cuanto a leyendas, esta zona es muy rica  y se encuentran ejemplos, como el duende, del cual se dice que es un niño que anda por la noche y cuando quiere llevarse gente, llora, canta y toca música en el monte, se le oye pero no se le ve, sin embargo hay gente  que lo  ha visto y cuenta que es un espectro chiquito con los pies hacia atrás y de color verde. También se cree en las ánimas  que son el espíritu de la persona muerta, las cuales se dejan ver cuando deben algo o dejan cosas enterradas. También escuchamos la leyenda  de Saraconcho, la cual se trata de una señora llamada Sara, quien era dueña de muchos predios de la zona y una mujer muy orgullosa, debido a esto Dios le hizo  una prueba y llegó un señor pobrecito a su casa a quien le dio agua de mala gana y no le dio posada; debido a esto, el señor  quien en realidad era Dios, sacó a la sirvienta de la casa,  diciéndole  que la señora se iba a morir y mandó una gigantesca tempestad que arrasó con la casa y todas las pertenencias de doña Sara, quien se murió junto a una marrana parida por lo que se encantó el río y  afirman  que la marrana era quien provocaba los derrumbes anteriormente, ya que un sacerdote atacó a la marrana y la amarro, sin embargo aún siguen habiendo derrumbes por los hijos de la marrana que quedaron sueltos.

 

Por esto es que la experiencia vivida en San Juan se convirtió en parte de nuestra identidad como bolivarenses que amamos y deseamos conocer las regiones que conforman nuestro macizo y la gran responsabilidad que ante su conservación y cuidado todos tenemos.

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