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IMAGINANDO UNA IMAGINACION

Cada que recuerdo mi niñez siento alegría de haber vivido en una época tan maravillosa, donde tenía la posibilidad de imaginarme todo aquello que no conocía por tanta inocencia que me consumía. Hoy en mi entorno, siento tristeza de ver como la capacidad de imaginación de nuestra niñez se ha visto disminuida en la medida que cada individuo

 se sumerge en un mundo tecnológico que le brinda infinidad de oportunidades que hacen de la vida más confortable, si así puede llamarse, sin darse cuenta que les afecta enormemente su capacidad de imaginación. De esos recuerdos nostálgicos de mi infancia, por mi mente resalta aquel mundo fantástico, donde lo que no conocía al oírlo de otras personas, me lo imaginaba sin importar que mi mente lo imaginara mal. Hoy veo con gran desencanto como la niñez ve a través de una pantalla llamada celular, tablet, computador, etc., una alternativa de encerrarse en un mundo que le provoca más adicción que imaginación; porque nuestros juegos llevaban, por ejemplo: el encanto de una piola con la que hacíamos girar un trompo, la forma como un balero era sometido en un palo al que sosteníamos fuertemente, unas canicas con las que muchos de nosotros hacíamos alarde de nuestra puntería, sin olvidar las maravillosos picados de barrio corriendo detrás de un balón. A través de estos juegos compartíamos con nuestros amigos entre risas y disgustos las formas de interacción cultural y emocional. Hoy además de eso, los juegos ya no son colectivos, ver a un niño inmerso en un video juego es relativamente angustiante, sentir que el deseo de superarse a sí mismo y perder la comunicación con otros miembros de su edad, le impide la capacidad de imaginación, por lo menos para competir. Lo anterior me da pie para citar la frase de Bruner “el ser humano al interactuar entre sí, crea un sentido de lo canónico y lo ordinario que se constituye en telón de fondo sobre el que se puede interpretar y narrar el significado de lo inusual”, el autor es muy acertado en decir esto, la falta de comunicación e interacción ocasiona un atraso emocional y cultural, donde el lenguaje expresivo y tan limitado hace al mismo tiempo un ser cerrado y falto de aspiraciones porque simplemente no sale de su mundo para explorar el de otros. Es preciso insistir en aquellos juegos tradicionales, donde el solo hecho de mencionar reglas e interpretarlas sin sometimientos, reposaba en nuestra imaginación cambiarlas o adaptarlas a las condiciones del momento para hacer el mejor uso de ellas en estrategias de juego, bajo estas perspectivas hoy solo son juegos de combinaciones de ceros y unos que al final dejan la imaginación solo en ceros.

Es interesante analizar el problema también en su contexto, en este sentido el lenguaje se ve sensible a muchos cambios, porque es donde permitimos que un cerebro toque delicadamente a otro cerebro, dándonos pausa para la imaginación; es importante la interacción entre individuos porque somos seres que necesitamos ser guiados por otros seres con supuesta experiencia donde la similitudes anatómicas no implican una forma homogénea de pensamiento, porque este último depende del contexto, y es que la influencia de un cerebro en otro nos implica tener una orientación y en parte compartir la imaginación como una característica innata que permita desarrollar un sistema de comunicación, como establece Bruner. Ahora exploremos un poco más la idea de la tecnología vista como el otro cerebro que da un toque no sutil pero sí, muy fuerte hacia el bloqueo de la imaginación, conduciendo al niño a una reproducción que le impide pensar, porque todo prácticamente se encuentra en red. Los cerebros artificiales inducen a los cerebros humanos a volverse como tal, con pereza de pensar, innovar e inventar unas alternativas que orienten al escaso recurso imaginario que es absorbido por una pantalla sin importar la que sea, y si retomamos los juegos tradicionales, esa interacción con el otro hace que nuestra imaginación despierte por muy sutil que sea la relación. Es triste mirar que un mundo se mueva en un ciclo vicioso que tiene por detalle el estar siempre en un contexto y actuar como si se estuviera en otro, somos incoherentes, es decir, la tecnología te vuelve incoherente, porque lo poco que se imagina, se ajusta a otro contexto que poco a poco te va llevando a los deseos de frustración y desencanto por tu expectativa de vida frente a un mundo que te llena de muchas fantasías que tu no serias capaz de imaginar. Si bien, los niños tienen una forma fantástica de pensar e imaginar que es innata, con el tiempo ésta se va perdiendo por culpa del mismo entorno, el cual le infunde temor y regocijo de enfrentarse al mundo real y por consiguiente no pueda experimentar los cambios sutiles o significativos que otro cerebro pueda modificar en ellos.

Es oportuno ahora, dar una mirada a los cambios milimétricos, teniendo en cuenta que éstos en nuestras vidas podrían introducir un nuevo orden, en una de esas incluso la armonía. Jerome habla de la manera que los niños aprenden haciendo, con esta apreciación y en mi opinión, cuenta mucho enfrentar a los niños con el contexto, para que solamente no sean un espectador, sino que hagan parte de cada oportunidad que el entorno les brinde para aprender, donde pueda darse cuenta que en las mínimas cosas que acontecen empieza un gran desenlace para un cambio. Ahora bien, pensemos en desconectarlos de la tecnología por un día, luego por dos, hasta completar una semana, sentirían al inicio un deseo enorme de estar inmersos en ese mundo fantástico, pero estarían al mismo tiempo desconociendo que ese cambio se ve reflejado en su vida y en el entorno. Seguidamente, pensemos cómo puede el entorno iniciar un cambio mínimo en ellos, pensar que eso tan insignificante puede ser el encendedor de una llama que resplandece en cada propósito, en una intuición casi innata para tener en cuenta que en este proceso de cambio se está llevando consigo una responsabilidad de saber en qué momento de la vida se hace necesario cambiar. Siguiendo en este proceso, invitaríamos a pensar a nuestros niños con solo una pregunta ¿te imaginas como hubiese sido tu vida si no hubiera pasado esto?, es un buen punto de partida para dar inicio a una red de imaginación, y a la vez demostrarle que una computadora no va poder contestarle porque ella no sabe nada de su pasado, no le puede expresar sentimientos ni emociones que quizá le den la pauta para imaginar lo que pudo o puede ocurrir, es ahí entonces, donde con ese cuestionamiento tan sencillo se vería en la necesidad de imaginar, de crear las cosas más fantásticas que son innatas en los niños y que por culpa de una pantalla sin importar la que sea se han visto bloqueadas.


“Cada letra que puedas tejer con otras, te llevará al fantástico mundo de la escritura”

JOB2017

 

Comentarios   

 
+1 #2 10525164 31-03-2017 20:26
Gracias compañero por acertar con profundidad y claridad,aquell o que hace parte del ser esencial que cada uno llevamos dentro, ese lamento indio de febriles añoranzas, de acordes armónicos en nuestra crecimiento y formación nos permite ser felices, afortunados que surgimos del polvo de la tierra con la cara salpicada de barro...
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+1 #1 Luis Alberto ordóñez 30-03-2017 15:54
Interesantísimo tu escrito, especialmente en momentos en que el desperdicio y humo, la dieta ligera, el pensar rápido como en cascada, la solución rápida, se ha impuesto como moda y criterio de eficiencia y de calidad, no importa a que costa, no importa a quien beneficia (aunque si sabemos a quien), que ha desplazado y casi eliminado las conversas en familia, ya no alrededor del fogón, ni siquiera alrededor del TV para compartir; los juegos tradicionales, el trabajo colectivo y creador van desapareciendo como bien lo apuntas.
Un abrazo desde la escuela normal de Popayán.
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